Año 14. Nº 1
LOS PARQUES NACIONALES
CARLOS MUÑOZ PIZARRO
Esta
charla fue dada por el profesor don Carlos Muñoz Pizarro, Ingeniero-
Agrónomo y Director del Departamento de Investigaciones Agrícolas del
Ministerio de Agricultura, en el Salón de Conferencias de la Universidad de
Chile, bajo los auspicios de la Comisión Nacional de Protección a la Vida
Silvestre.
Hace algunos años me llamó profundamente la atención
una significativa leyenda que se encuentra esculpida en los muros del hall principal del magnífico Museo de Historia Natural de Nueva York.
Esta pequeña prosa que traduje casi literalmente en aquella oportunidad, dice así:
Existe
un encanto en la saludable vida de la naturaleza. No hay palabras para
describir el oculto espíritu de lo silvestre que puedan revelar su misterio, su
melancolía y su encanto.
La nación se comporta mejor si los
recursos naturales se tratan como un haber que debe entregarse aumentado a la generación
siguiente y no dañado en su valor.
Conservación significa desarrollo tanto como
protección a sus recursos naturales. Hermosas frases estas que invitan a
meditar largamente sobre la destrucción casi total- dentro de un plazo muy
corto en la vida de la nación- de nuestros recursos naturales y que conviene
corregir a la brevedad para salvar lo poco que queda en nuestras manos.
Vivimos hoy en un ambiente de muchas facetas
relacionadas entre sí, no como piezas simples, sino como un verdadero mosaico
cuyo diseño no puede percibirse claramente a primera vista; ha de ser observado
desde diferentes ángulos, para que podamos apreciar su verdadero sentido y su
valor auténtico.
Así, no es extraño que se prefiera la ganancia
inmediata y se olvide la ventaja de aquella a largo plazo; pero, para obtener
una economía duradera, el hombre debe considerar los efectos de sus trabajos
con la tierra su principal sustento.
Esta es hoy una Ley Fundamental y ella es la
principal razón de considerar el uso racional del suelo en que vivimos, desde
otros ángulos aparentemente ajenos, que nos obligan a buscar nuevos horizontes.
No es posible hoy día legislar sobre el uso racional del suelo, sin
correlacionar otros aspectos de este conjunto, entre los cuales se encuentran
en lugar destacado los Parques Nacionales.
Lo que nos proponemos como miembros de la Comisión
Nacional de Protección a la Vida Silvestre no es, señores, una responsabilidad
fácil, porque es sólo natural pensar en el bienestar inmediato y en las
cosechas de cada temporada; y aunque algo calculamos sobre nuestro propio
porvenir, estamos como pueblo, poco acostumbrados a pensar en el bienestar
futuro de nuestro país. Hemos adquirido esta actitud, como la han adquirido
también otros pueblos civilizados de la tierra, principalmente porque nuestra
corta historia como nación nos ha encontrado siempre ocupados luchando con la
naturaleza y explotando sus recursos con escaso tiempo para pensar en las
necesidades futuras.
Ya es otra ley conocida del conservacionismo que
para calcular sensatamente el cultivo, futuro de una tierra, debemos primero
considerar cuidadosamente su pasado. Desde luego, el conocimiento de las causas
que han formado, un terreno, nos ayuda materialmente a juzgar sobre su futuro.
Una vez captada la historia de una tierra estamos mejor preparados para
considerar cuan correcto o incorrecto ha sido el cultivo a que ha estado
sometida. Entonces, con el conocimiento del clima, del suelo, de la
vegetación y otros factores regionales, podremos apreciar algo de la
productibilidad potencial de la región.
Debemos comprender, como ya lo han entendido; otros
países, que ahora no hay tierras de fronteras que debemos aprovechar que
tenemos y que el bienestar permanente de esta generación y de todas las
siguientes depende, ante todo del acierto con que cultivemos nuestro suelo y
conservemos los recursos naturales.
La actual densidad de población de la tierra, como
quedó recientemente establecido en la Conferencia para la Protección de los
Recursos Naturales Renovables que se celebró en Denver, Colorado, el año pasado,
hace indispensable una planificación inteligente del cultivo de cada continente
porque el rendimiento de todos los productos de la tierra depende, en gran
medida de los métodos apropiados de explotación.
En todos los trabajos de esta Conferencia se pudo
apreciar que el inadecuado uso de los suelos, la mala utilización de las aguas,
la pérdida del suelo arable por la erosión, la escasez de maderas y la
disminución de los recursos de la vida silvestre tanto del mar como de la
tierra, nos lleva a una crisis que debemos detener dentro el más breve plazo.
Cada conservacionista ve en esta lucha ya
desencadenada una verdadera guerra entre este aumento de población y recursos
cada vez menores de la superficie utilizable de la tierra con fines agrícolas.
Estas dos fuerzas que se suman han arrastrado a la Humanidad hasta un punto
casi crítico. El dilema de nuestro tiempo es entonces, detenerlas y
contrarrestarlas o aceptar que la propia existencia de la civilización se vea
en peligro.
Esta catástrofe que amenaza a la Humanidad es el
resultado del descuido del hombre de vivir en armonía con los principios que
gobiernan su medio ambiente. El hombre ha abusado de la tierra que es su
principal fuente de riquezas; y la tierra, por esto, sin compasión alguna
hace que su existencia sea cada vez más precaria y la amenaza con extinguirlo.
Durante el período de desarrollo agrícola e
industrial de nuestro país y aun de los Estados Unidos de Norteamérica,
ocurrido en dos siglos, el afán de prosperidad impidió ver la pérdida de
valiosas riquezas que, con un plan constructivo se pudieran haber
conservado y renovado, sin perjuicio evidente del bienestar nacional que hoy
vivimos en este estado de cosas. Esta mentalidad que ocurría en los Estados
Unidos, lamentablemente prosperó en nuestras tierras que en general, en el
continente americano. En la mitad del siglo XIX existía una relación
complementaria entre los países altamente industrializados y los de
estructura económica eminentemente agrícola.
El intercambio entre unos y otros se desarrolló casi
sin tropiezos hasta la primera guerra mundial. Con el advenimiento de la
especialización cada vez mayor en la era industrial, se extendió un cierto
espíritu proteccionista en la economía de las diferentes regiones de la
tierra de los cuales recibían los grandes núcleos de población los artículos
más necesarios para la vida.
La crisis de 1931 provocó una correlación de sucesos
que con el impacto de la cesantía que aquejaba a los países, industriales se
hizo sentir en la economía de las naciones productoras de materias primas,
además de la imposición gradual de las regulaciones del cambio y de las
restricciones del comercio.
Con tempestades de polvo e inundaciones, la
naturaleza misma hizo patente el peligro de confundir la existencia
de fructíferas siembras, bosques, con las condiciones básicas que
aseguran la perpetuación de las especies. Es evidente que la destrucción o mal
aprovechamiento de recursos en cualquier país, es asunto de profundo
interés para el resto del mundo que la política de impedir el envío de
productos de las regiones de abundancia-a las que están que están poco
abastecidas no conduce a utilizar debidamente la tierra. Hoy día la perspectiva
de una solución internacional a los problemas económicos del mundo, parece
más brillante. La gran crisis económica y la última guerra mundial han
demostrado perfectamente que no se puede alcanzar el equilibrio social si se
permite que la competencia irracional destruya los recursos que harían posible
un sistema sólido de competencia cuerda. En circunstancias especiales
quizás tengamos que hacer frente al dilema de que la posesión de las riquezas
esenciales de una nación, necesariamente constituye o no un derecho absoluto
sobre ellas. Es evidente que las riquezas naturales renovables juegan un
papel importante en la competencia internacional y nuestro país no puede
permanecer alejado de tan importante consigna. De avecinarse una crisis,
esta es común para todos traspone las fronteras nacionales y exige la
cooperación unida para alcanzar el objetivo final que es tan amplio
como el hemisferio mismo.
Observamos entonces que dentro de la Protección de
la Vida Silvestre, los Parques Nacionales juegan un papel importante y quizás
el de mayor rol después del uso racional del suelo. Definir este concepto
resulta difícil por la complejidad de las materias que encierra. Sin embargo,
la definición más moderna y precisa se encuentra en el texto del Convenio para
la protección de la flora, fauna y bellezas escénicas naturales que se celebró
en Washington DC. en mayo de 1940, bajo los auspicios de la Unión
Panamericana. Nuestro gobierno colaboró en su redacción y hoy pende de la
resolución del Congreso Nacional su ratificación.
Parques Nacionales, según ella son: regiones
destinadas a proteger bellezas escénicas naturales, la flora y la fauna de
importancia nacional con el fin de que el pueblo en general pueda gozar de
ellas y disfrutar de los beneficios que se derivan, cuando estas regiones están
bajo el dominio estatal..
Es evidente que semejante definición logró dejar
en claro los fundamentos de un Parque Nacional y permitió, desde
luego, rechazar toda idea confusa sobre su establecimiento y mantención,
Esta definición no concibe, desde ningún punto de
vista, la creación de plantaciones artificiales dentro de áreas boscosas
naturales, la introducción de especies exóticas de animales o la
intromisión de cualquier elemento ajeno a la protección misma de las especies
nativas.
Para poner en forma burda una mala interpretación de
los Parques Nacionales, no podría concebirse como tal el cerro San Cristóbal
con sus plantaciones de especies naturales; la introducción de especies
de otras regiones del globo- por muy valiosas que ellas sean- en los ríos
y esteros de la hoya hidrográfica del muy interesante macizo del Aconcagua; la
crianza y manejo de ciervos europeos en nuestro valioso Parque Nacional
Pérez Rosales; la crianza de ovejunos en los magníficos faldeos del cerro
Paine; el reemplazo o sustitución de nuestra palma, la segunda especie más
austral del mundo, en la hermosa y apacible, región de Cocalán por especies de
palmas datileras provenientes de las regiones tropicales; la colonización
agrícola dentro estas áreas o el dominio por particulares de superficies destinadas
a estos propósitos.
Ejemplos estos que indico con el fin de aclarar, una
vez más tan delicada definición. De ratificarse la Convención que hoy se
estudia en el Congreso Nacional deberá observarse en forma especial las
características enunciadas anteriormente.
Los Parques Nacionales constituyen uno de los medios
de llevar a cabo el importante y urgente trabajo de conservación que es
indispensable para impedir la pobreza económica y cultural y la miseria de
nuestro pueblo.
Conservar entonces las bellezas naturales y los
objetos naturales e históricos lo mismo que la fauna que allí se encuentra,
proveer lo conducente al goce de ellos en forma tal y por medios tales que los
dejen intactos para las venideras.
Con el objeto de ilustrar mejor este concepto, me permitiré
utilizar como ejemplo esta tarde: el sistema de Parques Nacionales de los EE.UU. que comprende en la actualidad 171 reservas territoriales, con una
extensión total de terrenos de dominio público de 8.400.000 has,
que fueron visitadas durante el año 1947 por 25.000.000 de personas o sea que
un porcentaje elevado de su población conoció y aprendió a valorizar las sabias
enseñanzas que la naturaleza les enseñó en el terreno mismo. Los Parques
Nacionales propiamente tales son 21 en total, entre los que se destacan
por su excepcional belleza: Yellowstone, Brice Carlsbad Caverns, Grand
Canyon, Grand Teton, Great Smoky Mountain, Mount Rainier, Rocky Mountain,
Sequoia, Yosemite y Lion National Park.
Son normas esenciales en la administración del
sistema de Parques Nacionales, su inviolabilidad, pues, ningún recurso
natural puede consumirse ni sus características pueden ser destruidas por
operaciones de tala de bosques, apacentamiento de ganado, minería, caza, obras
de ingeniería hidráulica otra actividad.
Las modificaciones para provecho del hombre o
para fines de conservación deben reducirse al mínimum indispensable para
el logro de su objetivo, deben estudiarse en forma que armonicen con su
ambiente y deben considerarse y localizarse cuidadosamente de modo que el
cambio se efectúe en las condiciones naturales sea el menor posible.
Deben presentarse al natural las características
propias de sus elementos, sin mejorar Io que la naturaleza misma ha dado
de sí.
La superficie total es 3.137,275 ha. Los
Monumentos Nacionales tienen una superficie de 964,220 ha sin contar con los
Parques del Estado que el año 1926 eran 578, con un total de superficie de
1.050.000 ha. Los Monumentos Nacionales mejor conocidos son el Bosque
Petrificado en Arizona, el Nuir Wood en Carolina y Craters of the
Moon en Idaho.
Hay que permitir que los bosques se desarrollen
naturalmente como también su fauna típica debe presentarse en un ambiente
propio, con el mínimo posible de intervención o administración.
Deben suministrarse los auxilios convenientes para
lograr una completa comprensión y apreciación del Parque pero en forma tan
sencilla y natural como sea posible, incluyendo las comodidades propias para el
goce total de los elementos.
El programa educacional de los Parques Nacionales
enseña que ellos son uno de los capitales más valiosos con que actualmente
cuenta Estados Unidos de Norteamérica, a pesar que ellos comprenden un pequeño
porcentaje del total de tierra en poder del estado. Los establecimientos de
estas reservas constituyen una de las más importantes fases del movimiento
conservacionista que ha caracterizado la vida nacional durante los últimos 70
años.
Cumpliendo con los altos standards requeridos
para el establecimiento de los Parques Nacionales, un notable grupo de reservas
ha sido creado para beneficio y goce de su pueblo. Estas superficies son de un
valor inapreciable para la nación a casusa de sus permanentes recursos
educacionales contenidos en ellos.
Los Parques Nacionales sirven en un importante
sentido como áreas recreativas, su uso esencial se extiende hacia la educación
fundamental que concierne a la apreciación real de la naturaleza
Desde este punto de vista, los Parques, Nacionales
han cumplido dos fases: importantes: 1º la necesidad de proporcionar al
visitante información necesaria sobre sus principales características; y el 2º,
el deseo del Servicio de Parques Nacionales por encontrar empleo en ellos en su
política educacional.
Existen en los Parques Nacionales oportunidades
excepcionales para la educación al aire libre y día a día ello es reconocido
por más y más cientistas y educadores a través del país. Cada época del año
numerosos colegios y universidades, clubes de ciencias y organizaciones por la
protección de la naturaleza visitan los parques y estudian allí en forma
natural la geología, la biología, la historia y la arqueología.
En nuestro país, el problema es diferente pues,
si bien es cierto, que la Ley de Bosques contempló su creación hace
algunos años, su verdadero sentido no se ha cumplido en lo absoluto.
La superficie de parques nacionales en Chile
comprende un total de 230.000 ha aproximadamente, de las cuales hoy puede
estimarse que sólo 150000 ha conserva el estado como propias pues un buen número
de hectáreas ha sido dedicada a la colonización agrícola. Esta superficie
representa un 0,9 % de la superficie boscosa territorial en poder del
Fisco, quien hasta hace pocos años era dueño de una gran proporción de ella en
el sur del país. De emprender una labor de creación de nuevas superficies
boscosas para declararlas Parques Nacionales, el Estado deberá hacer una
cuantiosa inversión de varios millones de pesos
Sólo nuestra imprevisión nos ha colocado en este
estado que debe remediarse a corto plazo para evitar aun mayores desembolsos el
día mañana. Ahora bien, para solucionar en parte este problema podría, a
nuestro juicio, reducirse los actuales Parques Nacionales a límites más
precisos, pues en ellos aun existen superficies apreciables como ocurre en el
Parque Nacional de Pérez Rosales, en donde no es ya posible considerar su
extensa área como tal.
Deberá considerarse de inmediato la protección de
las superficies que comprendan de por sí los paisajes y bellezas naturales
escénicas de valor. Un plan bien estudiado de restablecimiento de las
colonias de agricultores en estos lugares ya inutilizados, podría significar
una política racional en la utilización de nuestros recursos naturales.
Si consideramos la utilidad que semejante
colonización en los Parques Nacionales ha reportado para el país ella es
insignificante, miserable, sí así pudiéramos llamarla comparada con los
beneficios evidentes de una buena organización de Parques Nacionales que, desde
luego se financian por sí solos, sin considerar su alto valor educativo y sus
cuantiosas entradas que el turismo aportaría a ellos.
Imaginemos y comparemos por ejemplo sólo el valor
que para nuestra generación y las venideras representa el Palmar de Cocalán con
su valor actual como productor de miel o la explotación menos irracional de la
recolección de sus frutos, por sus actuales dueños. Esta es entonces una de las
razones de por qué el estado debe tener el control y dominio de estos recursos
que debe entregar de manos de una generación a la otra, sucesivamente.
Para terminar, deseo mencionar otros tres nuevos
conceptos que comúnmente se confunden con aquel de Parques Nacionales. Me
refiero a las reservas de regiones vírgenes, a los monumentos
naturales y a las Reservas Nacionales de Bosques. Las primeras,
constituyen regiones administradas también por los poderes públicos donde
existen condiciones primitivas naturales de flora, fauna, viviendas y
comunicaciones, con ausencia de caminos para el tráfico de motores y que
se encuentran vedadas a toda explotación comercial. Estas regiones están
dedicadas al estudio científico de los fenómenos naturales; que no
teniendo alteraciones biológicas, pueden servir de pauta para el manejo
adecuado de elementos de esta naturaleza en otras regiones del país.
Ciertas regiones de un Parque Nacional bien administrado
podrían servir a los propósitos enunciados. A nuestro juicio no habría
inconveniente en seleccionar algunos lugares en donde poder establecer estas
reservas.
Los monumentos naturales son regiones objetos o
especies vivas de animales o plantas de interés estético o valor histórico o
científico, a los cuales se les debe protección absoluta. Los monumentos
naturales se crean con el fin de conservar un objeto específico o una especie
determinada de flora o fauna declarando una región, un objeto o una especie
aislada, monumento natural inviolable, excepto para realizar investigaciones
científicas debidamente autorizadas o inspecciones gubernamentales.
Finalmente, las Reservas Nacionales son regiones
establecidas para la conservación y utilización bajo vigilancia
oficia de las riquezas naturales boscosas, en las cuales se dan a la flora y la
fauna toda protección que sea compatible con los fines con que fueron creados.
En Chile existen aproximadamente unas 600.000 ha declaradas como tales,
incluyendo en esta cifra un subido hectareaje de terrenos sin vegetación
arbórea y sólo apropiadas para su explotación ganadera. Aún más, esta cifra se
encuentra reducida por la colonización agrícola que de acuerdo a una curiosa y
errada disposición de la Ley de Bosques estos terrenos pueden ser entregados
hasta un 80 % a poder de particulares.
Nuestras reservas forestales se encuentran hoy día
totalmente agotadas y su explotación ha sido llevada sin un criterio claro de
lo que ellas representan para la economía nacional. Además, ellas han sido
establecidas y explotadas en forma totalmente irracional, pues una vez
extraídas sus maderas, estas superficies se dedican, principalmente, a la
agricultura debiendo haberse establecido en ellas hace muchos años un manejo
racional de explotación sostenida para la producción de maderas. Sin error
podemos establecer que el país no cuenta hoy día con una masa boscosa. o
sea con el capital forestal de dominio fiscal que cumpla los propósitos que
toda nación debe poseer par para el bienestar de su pueblo.
Finalmente, quisiera recordar una frase famosa del
gran naturalista norteamericano Luis Agazziz; fundador de una brillante
escuela científica y autor de numerosas obras notables para su tiempo quien
aconsejaba sabiamente- "Estudio la naturaleza, no los libros.
Citar este artículo como: Muñoz-Pizarro, C. 1947. Los parques nacionales. Charla bajo el auspicio de la Comisión Nacional de Protección a la Vida Silvestre.